Autora: MSc. María Alejandra Vera Mujica.
Docente del CEPAP / Directora General de la FUNESR / Directora de Previsión y Asistencia Integral en Salud.
Febrero, 2026
Nuestra América es un proyecto inconcluso, desde nuestra insurgencia coordinada en 1810 hasta este momento de nuestra débil CELAC, nos hemos visto reducidos a fragmentos inconexos, a luchas intestinas, a divisiones triviales movidas por intereses individuales auspiciados por aquellos a los que les ha convenido siempre nuestra destrucción.
La división de nuestra nación en fragmentos fue el elemento que permitió arrebatar a México la mitad de su territorio, negar a Puerto Rico su derecho a existir como república independiente y ser testigos silentes de las invasiones a Panamá, República Dominicana, Nicaragua, Guatemala, Grenada, o Haití; la usurpación de la base militar en Guantánamo, la intervención en los asuntos internos de Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Perú, Guyana, Colombia, El Salvador, Costa Rica sumiendo a cada trocito en las tinieblas de la dictadura.
Nuestro país tuvo su ración de látigo imperial desde el propio nacimiento de nuestra república, no olvidemos que en 1817 McGregor, por instrucciones de Bolívar, liberó Las Floridas (dividida por los españoles en occidental y oriental) y junto a Juan Germán Roscio y otros patriotas fundó y sostuvo la República de Fernandina, cuyos barcos comerciales fueron atacados, incendiados, confiscados y hundidos por los “neutrales” Estados Unidos que finalmente invadieron el territorio confiscado a España por los patriotas venezolanos bajo la excusa de que los indígenas Semínolas atacaban a sus colonos de Georgia. Ese fue el inicio de la Doctrina Monroe y la primera ocasión en que el naciente imperio mostraría su verdadero rostro ante nuestras intenciones de libertad.
No olvidemos la feroz campaña antibolivariana en diarios, dirigida desde las misiones diplomáticas norteamericanas en Bogotá y Lima, en Santiago y Guayaquil. Le llamaban “El Peligroso Loco del Sur” para tratar de enlodar su nombre y le endilgaron la historia de la pretensión imperial al hombre que destrozo la autoridad colonial en América, al dirigir la resistencia de Venezuela e impedir con ese sacrificio la distribución de refuerzos realistas por toda la América.
No sería esa la única ocasión en la que sentiríamos el ataque rastrero del imperio, en 1818 el propio Bolívar debió responder airadamente a Juan Bautista Irvine encargado de negocios de los Estados Unidos en Venezuela, ante la pretensión de éste, de que la República devolviese dos barcos y su carga de armas, que irrespetando su “neutralidad” pretendían comerciar con los españoles, violando flagrantemente el bloque venezolano a los puertos y plazas españolas en el Orinoco.
Muerto el Libertador, dedicaron sus esfuerzos a destrozar la República de Colombia y a desactivar los tratados de Unión, Liga y Confederación Perpetua firmados con Chile (1822), Perú (1822), México (1823) y Guatemala [Centroamérica](1826). Intentaron de esa forma acabar la acción bolivariana por la unión de nuestra enorme nación.
Pero esto no les bastó, debían hundir más profundamente sus garras en nuestro suelo, por ello cuando Cipriano Castro levanta su voz para defender nuestra soberanía encuentran en la felonía su actor principal y con saña y billete, imponen a Juan Vicente Gómez a quién sostendrán durante 27 años, cumpliendo el dogma cristiano de “hasta que la muerte los separe”…
Con Gómez vino la inoculación de la cultural del HotDog y el BaseBall, el abandono de nuestros campos, ríos y mares para correr a las cercas de los campos petroleros y engrosar los cinturones “de miseria” en torno a las ciudades. Sufrir nuestro pueblo la humillación de ingenieros yankees, de urbanismos y viviendas sólo para la élite extrajera mientras los obreros vivían en barracas insalubres excluidos de todos los beneficios y riquezas extraídas de nuestro suelo.
A la muerte de Gómez y tras varias transiciones, bajo el eufemismo de la “democracia representativa” se afianzó el modelo cultural colonial que dirigía nuestro Estado, al punto de ser nuestro país el que usaron como promotor de la exclusión de Cuba de la organización colonial llamada OEA.
Ese tiempo de alienación y de ignominia en la que sectores de nuestro pueblo, volvían a la Florida, no ya como libertadores sino como consumidores, con el “´ta barato, dame dos”, sustentado en la inequitativa distribución de la renta producida por la riqueza extraída del subsuelo y del sudor de aquellos que nunca pudieron salir de la pobreza material.
En todo ese tiempo, nuestro incómodo vecino se ha encargado de golpear a persas, árabes, vietnamitas, indonesios, filipinos y africanos, se ha enlodado en invasiones en Afganistán e Irak, en Libia y en los Balcanes, sin dejar de clavar sus uñas en las entrañas de nuestra tierra latinoamericana.
Hoy ha perdido todas sus formas sociales, su diplomacia, se ha convertido en una bestia enloquecida, que pretende imponer su voluntad por encima de cualquier ley, actúa como un matón de barrio, un picapleitos que se cree invencible, con el descaro de quien cree que tiene el poder de su lado pero que le incomoda el ejemplo de dignidad de los humildes.
El 3 de enero de 2026, Venezuela sufrió el ataque artero de la bestia. Esa madrugada muchos descubrieron lo que sienten a diario los habitantes de Gaza en la Palestina martirizada por Israel, lo que sufren los yemeníes ante los bombardeos de la fuerza aérea saudí, lo que padecen los sudaneses ante las fuerzas mercenarias apoyadas por Emiratos Árabes Unidos o la población del Congo ante los mercenarios de Ruanda. Jamás Venezuela había vivido una situación similar, con una desigualdad bélica de tanta magnitud.
Cuando en 1902, los acorazados alemanes hundieron nuestra pequeña armada y cañonearon nuestros débiles y antiguos fuertes, su superioridad tecnológica se veía disminuida por la fuerza moral y la disposición a defender el sagrado suelo patrio que presentó nuestro pueblo.
Hoy, nuestro pueblo tiene esa misma disposición, pero la brecha tecnológica es abismal y supone la destrucción de gran parte de nuestra población en ataques aéreos ante los cuales no podemos infligir ningún daño al enemigo.
El imperio ha pretendido que el miedo nos paralice, que ese artero ataque de la madrugada del 3 de enero, se convierta en el elemento fundamental de nuestra entrega a sus designios, pero nuestro pueblo, en clave de Robinson ha superado ese terror inicial. No abandonó en ningún momento sus trincheras y desde ese mismo instante activó los mecanismos para la respuesta a escala comunal a una ocupación. La bestia no se esperaba esta reacción y con disimulo propio de los cobardes, ha planteado el retorno a la guerra cognitiva, intentando sembrar dudas en las filas del pueblo y hacer creer que dominan las decisiones de nuestros gobernantes.
En clave de Robinson:
- Trabajo desde la comuna para lograr toparquía. Desarrollo de tecnología propia para hacer autosustentables las instituciones fundamentales del entorno comunal.
- Conocer hasta el último rincón de nuestra geografía es un deber ineludible, cada recodo debe ser aprovechado en la defensa, en la estrategia de resistencia popular prolongada, lo que implica también su empleo en la producción de alimentos, de medicinas (para el cuerpo, para el alma o el espíritu), de saberes o de refugios para los no combatientes.
- Sostener la convicción de nuestra independencia, la moral elevada que preserva el futuro y mantiene la identidad sólo es posible desde el ejemplo de dirigentes irreductibles, incorruptibles e indoblegables que marquen el pulso al pueblo y se presionen por el ejemplo de entrega moral y material de ese pueblo por la causa nacional y por la república bolivariana.
- Reivindicar a Bolívar, a la originalidad del proyecto de Rodríguez, a la convicción y constancia de Miranda, a la genialidad juvenil y a la elevada cualidad humana de Antonio José de Sucre, a la bravura de Eulalia Buroz y Juana Ramírez, a la fuerza indómita de todas y todos los ancestros aborígenes que acompañaron en espíritu y en carne viva a Guaicaipuro y Tiuna en Maracapana, a las y los cimarrones que escaparon de los campos de concentración y esclavitud de los españoles para fundar pueblos libres y acabar con la opresión instaurada “por la gracia de Dios”; convocarlos a todos y todas, para refundar y sostener nuestra región como faro de igualdad entre nuestros pueblos y equidad entre nuestra gente.
- La reivindicación del sueño bolivariano de unidad continental es el antídoto al desenfreno de la bestia. Hoy la construcción del mundo multipolar avanza a saltos agigantados, China, Rusia e India coordinan esfuerzos comerciales, financieros y tecnológicos para abrir las alamedas a los pueblos del sur. La paciencia estratégica es nuestra ventaja táctica, la ventaja del momento, la que debemos aprovechar para crecer y consolidar la unión de nuestra nación.
