De la evidencia a la praxis: integración de enfoques socioeducativos en investigación en ciencias médicas

Autora: Tayde Yasmilet Rivas de Jiménez.

El proceso de investigación en las ciencias sociales en general, y en las  ciencias médicas en particular, posee características propias y, sobre todo, una  lógica que dan sentido al trabajo de indagación sobre la realidad socioeducativa. No  se trata, como podría pensarse, de la simple aplicación del método científico, para  obtener como resultado una investigación científica, pues al limitarnos al plano  técnico que la palabra aplicación connota, es posible suponer que se trata de la  sistematización de una serie de pasos y su consecuente puesta en práctica, lo cual  sería demasiado simple.

Por otra parte, en las últimas dos décadas, un conjunto creciente de  fenómenos globales ha comenzado a revelar las limitaciones del paradigma  positivista aplicado a las ciencias médicas entre los que se pueden mencionar  brevemente disparidades en el acceso a la salud, la resistencia comunitaria a  intervenciones médicas y el fracaso de políticas públicas sanitarias en contextos  vulnerables, que nos avizora una brecha profunda en la evidencia científica, que  está por rigurosa que sea, no se traduce automáticamente en prácticas efectivas  cuando se ignora el entramado social, cultural y educativo de las poblaciones.  

En tal sentido, la investigación socioeducativa abarca, varios elementos  fundamentales necesarios para abordar un fenómeno social; este argumento no se  trata de un juicio de sentido común, sino de un intento de clarificación; porque en  este campo transdisciplinario se combinan teorías pedagógicas, sociológicas y  antropológicas para analizar cómo los procesos educativos y las dinámicas sociales  influyen en la salud, siendo, su objetivo primordial transformar prácticas sanitarias mediante estrategias que promuevan equidad, participación comunitaria y  empoderamiento que se debe transmitir a los pacientes. 

Bajo este quiebre de paradigmas, la propuesta comprende que el aprendizaje real no proviene de manuales estáticos, sino del choque consciente con la realidad. Este choque es el despertar del sujeto, es el momento en que la teoría se rompe al encontrarse con la dureza y la complejidad del territorio. No es un encuentro suave, es una sacudida que obliga al universitario a abandonar la burbuja de cristal para entender que las variables de un problema no son solo números, sino vidas, ecosistemas y tensiones sociales. La ontología de este pensamiento se fundamenta, por tanto, en una tríada indisoluble: Praxis, Hipercomplejidad e Intuición Imaginativa. La Universidad no puede seguir gestionando el saber bajo una linealidad decimonónica; debe reconocerse como una red donde la utilidad social de una investigación, debe convertirse en bienestar concreto para ecosistemas como el Parque Nacional Henri Pittier.

Es en este escenario de crisis y resiliencia donde nace la Sinergia Ética. Al tocar la realidad, el aprendizaje deja de ser un acto de consumo intelectual para convertirse en un compromiso vital. Aquí, rescatamos la andragogía de Félix Adam como una filosofía de libertad, el adulto universitario (estudiante, docente o trabajador), se reconoce como un sujeto autogestionario que, al confrontar su saber con las necesidades del pueblo, se empodera para ser el maestro de la sostenibilidad comunal. La sinergia organizacional comienza en la facultad, pero se libera en favor del bien común, permitiendo el tránsito del ego-centrismo académico al eco-centrismo territorial a través de una Horizontalidad Radical. En este modelo, el profesor y el vecino que ha habitado toda su vida a las faldas del cerro se reconocen como co-autores del saber, no hay expertos externos, sino una comunidad que aprende haciendo, reconociendo en la experiencia del otro la clave robinsoniana para la supervivencia colectiva.

Por lo tanto, este divorcio entre el conocimiento generado en laboratorios o  ensayos clínicos y su aplicación en territorios marcados por desigualdades  estructurales constituye el núcleo del ensayo científico, que busca abordar como  esta problemática desde tendencias actuales en investigación médica revela que  menos del 5% de los artículos publicados en revistas de alto impacto en Ciencias  Médicas incorporan variables socioeducativas en sus diseños metodológicos, esto  lo hacen limitándose a categorías simplistas como nivel educativo medido en años  de escolaridad o utilizando la Escala de Estratos Socioeconómico como el Graffar,  sin explorar dimensiones cualitativas como la alfabetización en salud, las narrativas  culturales sobre el cuerpo-enfermedad, o los procesos de toma de decisiones  colectivos en comunidades.  

De allí que, este reduccionismo tiene raíces epistemológicas profundas; pues,  la medicina contemporánea heredó del positivismo decimonónico una fe  inquebrantable en la universalidad del conocimiento científico, asumiendo que un  protocolo puede ser validado en cualquier comunidad y que este sería igualmente  efectivo; sin embargo, la realidad es otra porque muchas veces la población  abandona el tratamiento y no por falta de este, sino porque los mensajes sanitarios  ignoran las cosmovisiones locales.  

Por lo tanto, los posibles retos trascienden en lo metodológico; pues de  continuar en esta postura arraigada al positivismo clásico e invisibilizar los  determinantes socioeducativos, la investigación médica reproduce lo que el  sociólogo Boaventura de Sousa Santos (2018) denomina epistemicidio que no es  otra cosa sino “la aniquilación de saberes no occidentales que podrían enriquecer  la comprensión de la salud-enfermedad” (p. 104). Este fenómeno se manifiesta  crudamente en el tratamiento de la salud mental.  

Referencias

  • Bandera, A. (1981). Paulo Freire, un pedagogo. Caracas: Universidad Católica  Andrés Bello.  

  • Breilh, J. (2013). La determinación social de la salud como herramienta de  transformación. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 31(1), 13-27.  

  • Bronfenbrenner, U. (1979). The ecology of Human Development. Cambridge,  Harvard University Press. (Trad. Cast.: La ecología del desarrollo humano.  Barcelona, Ediciones Paidós, 1987).  

  • Freire, P. (1973). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI  

  • Gurdián-Fernández, A. (2007). El Paradigma Cualitativo en la Investigación Socio Educativa. Colección: Investigación y Desarrollo Educativo Regional San José,  Costa Rica. 

  • Laurell AC, Noriega EM, López- Arellano O, Martínez Alcántara S. (1991) El trabajo  como determinante de la enfermedad. Cuad Med Soc.  

  • López-Arellano OL, Escudero JC, Carmona Moreno LD. (2008) Los determinantes  sociales de la salud: una perspectiva desde el taller latinoamericano de  determinantes sociales de la salud. Medicina Social.  

  • Palella, S. y Martins, F. (2017). Metodología de la Investigación Cuantitativa.  Caracas: Fedupel 

    Santos, B. de S. (2014). Epistemologías del Sur. Ediciones Akal. Portugal.  

  • Secretaría de Salud. (2021). Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (pp.  30-35). Gobierno de México.  

     

  • Tamayo, M. (2016). El proceso de la investigación científica. México: Grupo Noriega  Editores.

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