La Sinapsis de la Esperanza: Por una Salud que Nos Encuentre

Autor: José Oswaldo Mussett González

  • oswaldomussett72@gmail.com 

  • Participante en la Comunidad de Aprendizaje de Medicina Alternativa y Terapias Complementarias de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR) bajo el Programa de Estudios Abiertos del Centro de Experimentación para el Aprendizaje Permanente (CEPAP).

  • Abril 2026.

En los tiempos que corren, hablar de salud en Venezuela es hablar de resiliencia. Es hablar de la madre que, de una infusión de hojas de Malojillo con un chorrito de limón, alivia la tos y el malestar del cuerpo de su hijo; del abuelo que, con un masaje en la espalda, libera las tensiones que el sistema no alcanza a nombrar.

Nuestras comunidades han sido, históricamente, las verdaderas guardianas de la salud, no solo porque la necesidad nos ha hecho inventar, sino porque en nuestro ADN cultural reside una sabiduría que la medicina hegemónica, en su empeño de fragmentar, ha olvidado.

Hoy, la Medicina Ancestral, Natural, Tradicional, Alternativa y Terapias Complementarias, no es un evento más. Es un acto de soberanía epistemológica. Es, como nos enseñó el maestro Simón Rodríguez, la oportunidad de “inventar o errar”. Porque inventar, desde nuestras propias raíces, un modelo de salud que nos integre, que nos reconozca como seres biopsicosociales y espirituales, es la tarea más urgente de nuestro País.

Mi experiencia como Músico y Terapeuta Holístico Integral, anclada en la práctica de Arte Sana, me ha permitido vivir la potencia de este diálogo.

En las jornadas de atención que realizamos en Cojedes y Caracas, no aplicamos recetas mágicas. Lo que hacemos es algo más sencillo y más profundo: restablecemos la comunicación. La comunicación entre las manos que sanan y el cuerpo que duele; la comunicación entre la música que vibra y la mente que se estresa; la comunicación entre el aroma de una planta medicinal y la emoción que se libera.

A esta experiencia le llamo, desde la neurociencia y la tradición ancestral, “la sinapsis del encuentro”.

La ciencia cognitiva nos habla hoy de la Teoría de la Mente, de las Neuronas Espejo, de la capacidad de sincronizar nuestros ritmos biológicos con los de otro ser humano. Nuestros ancestros preferían hacerlo de otra manera: “presencia, escucha, empatía, respeto”. No importa el cómo hacerlo, lo importante es que ese puente es el verdadero mecanismo de sanación.

Cuando un terapeuta acompaña con su presencia consciente, cuando sus manos se vuelven herramienta de liberación, cuando su música se convierte en arrullo para el sistema nervioso, lo que ocurre es que la persona deja de sentirse un caso clínico para sentirse parte de un círculo de cuidado.

En este sentido, es importante que, desde la academia, desde los espacios de discusión como la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), sea imperativo ver a las Medicinas Ancestrales, Alternativas y Terapias Complementarias como un saber, que debe ser validado por la ciencia oficial. La ciencia moderna debería tener la humildad de dejarse nutrir por estos saberes. ¿Qué puede enseñarle la medicina tradicional china a la biomedicina sobre la conexión entre las emociones y los órganos? ¿Qué puede aportar la musicoterapia en la prevención del estrés crónico? ¿Qué nos revela la aromaterapia sobre el poder de las moléculas de nuestras plantas para modular nuestro estado de ánimo?

Un modelo de salud Robinsoniano debe ser, ante todo, un modelo preventivo y educativo. No se trata de esperar a que la enfermedad llegue para aplicar un protocolo; se trata de educar a las comunidades para que sean autogestoras de su bienestar. Se trata de que una persona aprenda en una sesión de Equilibrio Iónico o de Masaje con Gua Sha, que su respiración es su primera medicina, que su capacidad de relajarse es un acto político contra el agotamiento colectivo, y que su cuerpo tiene una sabiduría innata que, con el acompañamiento adecuado, puede florecer.

Pero esta no puede ser una tarea individual. Debe ser una praxis comunitaria.

El tercer pilar de este modelo es la solidaridad como medicina. La frase de Simón Rodríguez, “el hombre no vive de pan, sino del hombre”, cobra aquí su sentido más pleno. Nos sanamos en la medida en que nos cuidamos unos a otros.

En los círculos de mujeres, en las jornadas de atención, en el simple acto de compartir una canción o un aceite esencial, se teje un nuevo tejido social. Esa red de cuidado es el verdadero sistema de salud que necesitamos.

Finalmente, para que este diálogo de saberes sea fructífero, debemos asumir una postura decolonial. Valorar lo local, promover el uso sostenible de los recursos curativos de nuestra tierra, honrar la memoria y la sabiduría de los ancestros y sanadores que nos precedieron, no es un acto de nostalgia, sino de liberación. Es desprendernos de la idea de que la única farmacia válida es la que llega en un frasco con una etiqueta en otro idioma.

Nuestras verdaderas farmacias son los campos de cultivo, los mercados populares, los patios de nuestras casas donde crece el romero, la manzanilla, el poleo, la sábila, etc.

La Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), nos está dando la oportunidad de formalizar esta discusión, de darle el rigor que merece, no desde la rigidez de un academicismo excluyente, sino desde la flexibilidad del pensamiento complejo que nos enseñó Morin y desde la pasión creadora de Simón Rodríguez.

La invitación está hecha. Es tiempo de que nuestras voces, las voces de los terapeutas comunitarios, de los músicos sanadores, de los guardianes de las plantas, de los practicantes del Gua Sha y del Equilibrio Energético, ocupen un lugar central en la construcción de un nuevo paradigma de salud.

Porque sanar, en su esencia más pura, no es otra cosa que recordar quiénes somos: seres profundamente conectados, capaces de crear belleza y bienestar en medio de la adversidad. Esa es la sinapsis de la esperanza. Esa es la medicina que nos hace humanos, mejor dicho, como dice el Padre Cantor ALI PRIMERA en su canción que nos dejó como  legado:

“QUE SEA HUMANA LA HUMANIDAD”.

2 comentarios en “La Sinapsis de la Esperanza: Por una Salud que Nos Encuentre”

  1. Hola tío, bendición! De verdad sólo me queda felicitarte y bendecirte por todo lo que has dicho en ésta publicación,»todo está dicho «para ser tomado como instrumento de formación para los que venimos detrás,sólo nos queda primero seguir fomentando ése legado que han dejado nuestros ancestros, segundo quitar de nuestra información psíquica que ésa «Farmacia de los patios de Romero y Manzanilla son puros cuentos de las Abuelas»…. Porque Honor a quién honor merece!! Y tercero y no menos importante la Medicina Científica debe ser «Humilde «y aceptar y comprender que todo tiene un inicio y que el de la medicina viene de allí de la Olistica de la infusiónes de Opio » que nada ni nadie les está quitando su aprendizaje y experiencia (felicidades por sus méritos) pero ignorar es borrar nuestros orígenes! Siempre he partido del principio de que uno puede, concelebrar y compartir, celebrar el hecho de que juntos somos más y compartir la alegría de ayudar a otros!!! Todo lo que existe en el mundo es por algo porque el Padre Celestial así lo ha decidido……

    1. Luis Eduardo Pérez

      ¡Dios te bendiga, Mirabel! Recibmos tus palabras con profundo orgullo patrio. Tu reflexión es el vivo ejemplo de lo que promovemos en la UNESR: la unión indisoluble entre el saber académico y la sabiduría popular.

      Lo que mencionas sobre la medicina de nuestras abuelas no son ‘cuentos’, es Pensamiento Crítico Robinsoniano en acción. Es reconocer que nuestra raíz holística es la base de lo que somos. Ser Robinsoniano nos exige ser humildes para aprender de los patios, de la tierra y de nuestros ancestros, entendiendo que la ciencia médica no debe ser soberbia, sino una extensión de la vida misma.

      Como comunidad universitaria, celebramos que jóvenes como tú mantengan viva la llama de este legado. Aquí, bajo la guía del Padre Celestial y el ideario de Simón Rodríguez, seguimos convencidos de que ‘juntos somos más’ cuando compartimos el conocimiento para servir al pueblo. ¡Honor a quien honor merece!

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