Autora: Dailene Cecilia Rojas Ponte
- Participante de la Comunidad de Aprendizaje
Medina Alternativa y Terapias Complementarias - Correo electrónico: 1dailenerojas@gmail.com
- Fecha: 07/04/2026
El presente artículo de opinión tiene como propósito analizar de forma crítica los aportes del Reiki en la gestión del estrés, desde una perspectiva andragógica, decolonial y centrada en la revalorización de los saberes ancestrales y alternativos, bajo el legado de Simón Rodríguez.
A lo largo de los años, se ha asumido que la forma principal para comprender la realidad de las patologías o enfermedades del ser humano es a través del conocimiento científico, dejando a un lado que gran parte del conocimiento adquirido por las personas proviene de las experiencias vividas, la intuición, la observación, la práctica y la puesta en marcha basada en el ensayo-error.
La ciencia no solo abarca la experiencia directa, sino que organiza el conocimiento a través de métodos, teorías e hipótesis, que se caracterizan por presentar herramientas sistemáticas y objetivas, con el fin de analizar la realidad comprobando las ideas y corrigiendo los errores.
Dentro del escenario de la salud, el estrés se cataloga como una de las problemáticas más frecuentes, afectando a personas de distintas edades y realidades sociales. En este fenómeno convergen diversas causas, tales como: exigencias laborales, largas jornadas de trabajo, condiciones de trabajo precarias, también se pueden incluir eventos en la familia como problemas en el matrimonio, la perdida de un ser querido, una enfermedad, el cambio de residencia, dificultades económicas, así como el ruido constante. Todo esto puede llevar a que la persona manifieste síntomas físicos, los cuales afectaran su vida cotidiana.
Dada esta realidad, la medicina tradicional ha ofrecido alternativas basadas en el tratamiento farmacológico y la intervención clínica. Sin embargo, aunque estas alternativas sean necesarias y en la mayoría de los casos resulte la opción principal, las mismas resultan insuficientes para abordar el síntoma desde la perspectiva emocional, tomando en cuenta la complejidad del ser humano. En este escenario, se permite la incorporación de las terapias complementarias, proponiendo una visión holística que compone dimensiones físicas, emocionales, mentales y energéticas.
Dentro de estas prácticas encontramos el Reiki, el cual es una herramienta terapéutica que plantea la canalización de energía universal para restablecer el equilibrio interno de la persona.
El estrés, como se ha definido a lo largo de los estudios, desde una perspectiva psicológica no es solo una reacción biológica, sino un desequilibrio integral del organismo ante situaciones percibidas como amenazas o desafíos incontrolables que superan los recursos de la persona. No obstante, cuando esta respuesta se vuelve persistente o desproporcionada, se transforma en un estado que afecta la vida cotidiana del individuo. Síntomas como dolor en el cuello, tensiones musculares y dolor de espalda, son manifestaciones comunes que dan prueba de que la persona se encuentra en estado de estrés. Al sustituir el enfoque convencional por una visión robinsoniana decolonial, transformamos la terapia en un acto de liberación.
En contraste, el Reiki Unitario propone una comprensión más amplia del ser humano, considerándolo como un sistema energético en interacción constante con su entorno. Mediante esta perspectiva, el estrés no solo sería un fenómeno psicológico, sino también una manifestación de bloqueos o desarmonías en el flujo energético.
A diferencia de otros tratamientos en los que la persona adopta un rol pasivo, el Reiki lo invita a participar activamente en su proceso de sanación y se abre paso a una alineación con los principios de la andragogía, que reconocen al adulto como un sujeto autónomo, capaz de aprender a partir de su experiencia, reflexionar sobre su realidad y tomar decisiones conscientes respecto a su bienestar.
Asimismo, desde una perspectiva decolonial en el ámbito de la salud, el Reiki puede interpretarse como una forma de resistencia frente a la hegemonía del conocimiento occidental. Se hace necesario honrar el legado y la memoria de nuestros ancestros, reconociendo que la sanación energética ha sido marginada y los saberes ancestrales han sido deslegitimados por no ajustarse a los parámetros científicos que todos conocen. Sin embargo, esta exclusión responde más a relaciones de poder que a una verdadera evaluación de su eficacia.
Reconocer el valor de terapias como el Reiki, implica cuestionar los criterios únicos de validación del conocimiento y abrir espacios a epistemologías diversas que engloben lo espiritual, lo energético y lo comunitario. Esta apertura no solo enriquece el campo de la salud, sino que también permite la construcción de modelos más inclusivos y humanos.
En cuanto a sus beneficios, múltiples experiencias demuestran que la práctica del Reiki favorece estados de relajación profunda, disminución del estrés, mejora en la calidad del sueño y mayor estabilidad emocional. Estos efectos pueden explicarse, en parte, por la activación del sistema nervioso parasimpático, asociado a la relajación y recuperación del organismo.
Además, el espacio terapéutico que se genera durante una sesión de Reiki puede funcionar como un momento de introspección y reconexión personal, convirtiéndose en aspectos importantes para la gestión del estrés.
En un contexto donde predomina la sobreestimulación y la desconexión interna, estas prácticas ofrecen un retorno al equilibrio y la conciencia del presente. Además, el terapeuta integra lo espiritual y lo energético, tratando a la persona con empatía y comprensión hacia su proceso de sanación, creando un espacio libre de juicio donde el individuo puede expresar sus miedos sin etiquetas, convirtiéndolo en autónomo, sin generar dependencia. El terapeuta no sólo canaliza la energía, sino que transmite conocimientos prácticos para que la persona los integre en su vida cotidiana. A través del aprender haciendo el consultante adulto reflexiona sobre su realidad, aprende a identificar los bloqueos causados por el estrés y desarrolla hábitos saludables que integran la sanación en su vida diaria.
El saber terapéutico no es un privilegio, sino una herramienta de transformación, por lo cual se hace necesario abrir espacios para que las comunidades conozcan sobre estas herramientas. De esta manera, al aliviar el estrés de la comunidad, se da un paso hacia la construcción de modelos de salud más humanos e inclusivos.
Por otro lado, si bien el Reiki puede aportar beneficios significativos, no debe considerarse como un sustituto absoluto de la medicina convencional. Su mayor potencial radica en su uso como terapia complementaria.
PROPUESTAS
El Reiki se presenta como una alternativa que ha tomado espacio importante dentro del campo de las terapias complementarias, especialmente en el abordaje del estrés. Su enfoque holístico permite comprender al ser humano en su totalidad, resaltando dimensiones que han sido históricamente olvidadas por los modelos tradicionales de salud. Desde una perspectiva andragógica, esta práctica permite la participación activa de la persona en su proceso de sanación, fortaleciendo su autonomía y capacidad de autoconocimiento. A su vez, desde un enfoque decolonial, contribuye al reconocimiento de saberes ancestrales y energéticos que han sido marginados.
En función de lo expuesto, se recomienda:
- Fomentar el diálogo interdisciplinario entre la medicina convencional y las terapias complementarias, evitando posturas excluyentes o radicales. Ambas dimensiones deben existir para un abordaje humano del estrés.
- Impulsar investigaciones académicas que estudien los beneficios del Reiki desde metodologías incluyentes, combinando perspectivas cualitativas y cuantitativas.
- Generar espacios de formación andragógica, donde la comunidad pueda experimentar y reflexionar sobre prácticas de sanación complementaria.
Abrir el debate sobre el Reiki y el estrés bajo el legado de Simón Rodríguez, no solo permite ampliar las alternativas terapéuticas disponibles, sino que también invita a repensar el concepto de salud desde un enfoque inclusivo, crítico y humano, colocando la salud como un acto de soberanía personal. El saber es útil solo si se aplica para liberar al ser humano de sus propias tensiones y reconectarlo con su esencia y su tierra. En tiempos donde el estrés se ha vuelto una constante, recuperar prácticas que promuevan el equilibrio interno y la conexión con uno mismo resulta no solo pertinente, sino necesario.
